[Una versión modificada de este artículo fue publicado en la Revista ENTER, número 199, de noviembre de 2015, en Colombia]

Nottingham, 1811. Los luditas –tejedores enfurecidos– marcharon a las fábricas a destrozar los recién inventados telares mecánicos. La industrialización fue un proceso de “destrucción creativa” en el que la irrupción de la máquina de vapor forzó a muchas personas a buscar nuevas ocupaciones.

En “La Tercera Ola”, Alvin y Heidi Toffler describen cómo tres grandes cambios tecnológicos modificaron la estructura de las sociedades humanas. La primera ola tuvo lugar hace 10.000 años con la Revolución Agraria; la segunda hace 200 años con la Revolución Industrial; y la tercera hace 50 años con la Revolución Informática.

Todo indica que la cuarta ola que se avecina será un auténtico tsunami. La Revolución de la Automatización significará la desaparición de numerosas ocupaciones debido a la robótica y la inteligencia artificial. Las personas que entiendan cómo surfear sobre esta ola serán los ricos del futuro. A los demás Schwarzenegger les mostrará la puerta y les dirá: “Hasta la vista, baby”.

¿VIENE UN EXTERMINADOR A ACABAR CON SU TRABAJO?

Según un paper de la Oxford Martin School, el 47% de los trabajos de hoy habrán sido automatizados para el año 2034. Leyó bien: en dos décadas, uno de cada dos trabajos actuales será realizado por una máquina [“the future of employment: how susceptible are jobs to computerization?”].

¿Cuáles trabajos están en mayor riesgo de reemplazo? Los que implican rutinas repetitivas, bien sean físicas o mentales. Algunos ejemplos son los telemercaderistas, recepcionistas y cajeros de banco. Call Centers: ¿cuánto tiempo creen que va a tardar un sistema como Siri, Cortana u OK Google en poner de cabeza su modelo de negocio? Señores transportadores de carga y propietarios de taxis: Freightliner y Mercedes Benz ya demostraron sus camiones autónomos; Google, Uber y Tesla están trabajando en los carros que se manejan solos.

Los trabajos que están a salvo son los que requieren habilidades en las que, en el futuro previsible, los humanos seguiremos superando a las máquinas: 1) las labores creativas, incluyendo el emprendimiento y la investigación científica; 2) la interacción social, en particular la que requiere inteligencia emocional y empatía; y 3) la destreza manual y movilidad física, sobre todo en entornos no estructurados. Algunos ejemplos son las fisioterapeutas, enfermeras y trabajadores sociales.

La BBC desarrolló un aplicativo donde puede seleccionar el trabajo que usted desempeña y consultar qué tan expuesto está al riesgo de automatización. La lista comprende 365 ocupaciones, inicia con “vendedor por vía telefónica” con un alarmante 99% de riesgo de reemplazo y finaliza con “gerente de hotel” con un 0.4% de riesgo [http://www.bbc.com/news/technology-34066941].

¿Las máquinas solamente van a realizar trabajos poco calificados? En algunas grandes firmas de abogados la tecnología de “codificación predictiva” ya está automatizando la tediosa labor de revisión de documentos. El supercomputador Watson está ofreciendo consejo a una docena de hospitales acerca del mejor tratamiento para ciertos casos de cáncer. El software Quill es capaz de componer una narrativa básica a partir de data bruta; Forbes lo está usando para los reportes de ganancias corporativas y Associated Press para producir algunas notas deportivas.

¿Significa esto que en el mundo del futuro ya no va a haber abogados, médicos ni periodistas? Eso no suena muy factible. Lo más probable es que las máquinas se encarguen de las labores tediosas y repetitivas, liberando el tiempo de estos profesionales para que puedan dedicarse a labores de mayor valor agregado.

¿POR CADA PUERTA QUE SE CIERRA, OTRA SE ABRE?

El SBTC [por “skill-biased technical change” o reemplazo tecnológico influenciado por habilidades] es la teoría económica que establece que a medida que la tecnología hace irrelevantes los trabajos poco calificados, se incrementa la demanda por trabajos altamente calificados.

En la práctica, la economía digital ha demostrado no ser tan intensiva en mano de obra como la economía tradicional; por ende no está creando nuevos trabajos lo suficientemente rápido como para reponer los que están siendo destruidos. Cuando Facebook pagó 1.000 millones de dólares por Instagram, ésta solamente daba empleo a 13 personas. Una empresa manufacturera que estuviera avaluada en ese monto tendría centenares de empleados.

“Debemos empezar a pensar qué hacer cuando grandes grupos de la población no puedan trabajar sin que medie culpa alguna de su parte. Qué hacer en un futuro donde para la mayoría de los trabajos no se requieran humanos.” Esta es la conclusión del documental: “Humans need not apply” [https://www.youtube.com/watch?v=7Pq-S557XQU].

¿ESTAMOS OBSOLETOS LOS HUMANOS?

En la saga cinematográfica, Sarah Connor dice: “El futuro no está establecido. No hay destino, sólo existe el que nosotros hacemos”. Es la misma idea que expresa Sir Anthony Atkinson: “La trayectoria del progreso tecnológico no es inevitable; depende de las decisiones tomadas por los gobiernos, los consumidores y los negocios, a medida que determinan cuáles tecnologías son investigadas y comercializadas y de qué manera deben ser utilizadas.”

Francisco Mojica, director del Centro de Pensamiento Estratégico y Prospectiva de la Universidad Externado de Colombia, explica que en el campo de los estudios de futuro existen dos escuelas diferentes. Según la prospectiva norteamericana el futuro se predice. Un único futuro, que hagamos lo que hagamos, necesariamente va a manifestarse.

Según la prospectiva francesa, en cambio, el futuro no se predice sino que se construye. Primero se determinan una serie de “futuribles” [futuros posibles]. Después se escoge el que más conviene a nuestros intereses y se traza hasta el presente todo lo que tiene que hacerse para que ese futuro específico sea el que se manifieste. Esta lógica conlleva una actitud proactiva, de decisión y compromiso con nuestro porvenir. Debemos trabajar para hacer que las cosas [buenas] nos pasen [a nosotros].

¿CÓMO PUEDE COLOMBIA HACERSE AMIGA DE SKYNET?

El ideograma chino de “crisis” está compuesto por los símbolos de “peligro” y “oportunidad”. Si queremos aprovechar esta oportunidad, al decir del jugador de hockey Wayne Gretzky, debemos patinar no hacia donde el disco está, sino hacia donde el disco estará. Para que Colombia pueda cosechar los frutos de la nueva economía, debemos implementar tres estrategias:

1) Explotar la ventaja humana

Según Anthony Atkinson: “[debemos] estimular la innovación [en la educación] de manera que incremente la empleabilidad de los trabajadores”. Aplicado a la Revolución de la Automatización, a lo que esto se refiere es a capacitar a la población en habilidades laborales que no sean fácilmente replicables ni por los robots ni por la inteligencia artificial [por lo menos en el mediano plazo previsible].

Tenemos que asegurarnos que la reforma educativa construya las capacidades que el mercado del futuro va a requerir. De esa manera podremos prevenir la descoordinación de oferta y demanda, que constituye la causa del desempleo. Así lograremos que nuestros jóvenes salgan ganadores de esta revolución económica. También debemos desarrollar mejores técnicas de andragogía [enseñanza en adultos] para que quienes hace mucho tiempo no estudian puedan reinventarse a sí mismos y reciclarse en el mercado laboral.

2) Un Estado que muta y se adapta

Hay una decisión que debemos tomar: si resistir o abrazar el cambio tecnológico. Cualquier país que bloquee la innovación será dejado atrás por los países que sí la adopten. Uno pensaría que quienes escriben nuestras leyes tienen esto claro. Pero la salida del país de Paypal, el boicot taxista de Uber y ahora la dichosa “ley Netflix” dan testimonio de lo contrario.

Estas 3 son ejemplos de decisiones de “pan para hoy, hambre para mañana”; en el corto plazo puede que beneficien a unas pocas empresas; en el largo plazo, las hacen menos competitivas y nos empobrecen como nación. Los gobiernos deben implementar las reformas antes de que sus ciudadanos se las pidan mediante protestas y disturbios. Los luditas del siglo 21 merecen que se les evite el sufrimiento innecesario.

Si queremos que Colombia sea un protagonista, y no un espectador, del futuro, debemos ser un Estado que se adapta ágilmente al cambio, que no cede a la presión de los intereses económicos que pretenden bloquear la implementación de nuevas tecnologías o nuevos modelos de negocio. Necesitamos que quienes escriban las leyes estén versados en tecnología y sean visionarios que impulsen a nuestro sector productivo a adaptarse a la nueva economía.

El Programa de Transformación Productiva y sus 20 Sectores de Talla Mundial deben ser cuidadosamente revisados a la luz de esta nueva información. Es claro que en este momento la agenda del gobierno, y por ende sus recursos, se encuentran enfocados en la construcción de la paz. Pero una paz duradera sólo será sostenible si podemos garantizar empleo de calidad para todos.

3) Combatir el fuego con fuego

En nuestra matriz DOFA-País a la amenaza del “desempleo de origen tecnológico” debemos oponer la fortaleza del “emprendimiento de base tecnológica”. Poner el mítico ingenio de nuestros coterráneos a trabajar por el bien de todos, de tal manera que esos robots sean fabricados dentro de nuestras fronteras y esos softwares sean escritos por manos colombianas. Debemos seguir el ejemplo de Israel y convertir a Colombia en la “Startup Nation” latinoamericana.

Según el Plan Nacional de Desarrollo, para el 2018 debemos alcanzar la meta de invertir el 1% del PIB en Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación [ACTI]. Aunque encomiable, esa cifra no es suficiente. Recientemente el Consejo Científico de las Naciones Unidas recomendó que para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible las naciones deberían invertir mínimo el 3.5% de su PIB en ACTI.

En 1962, John F. Kennedy retó a los Estados Unidos a poner un hombre en la Luna antes de finalizar la década. La dimensión del desafío era intimidante y muchos lo creyeron imposible. El país cumplió el reto, salió de ahí con su autoestima fortalecida y desarrolló tecnologías que le permitieron a sus industrias tomarse el mundo.

¿Que tal si acometiéramos el desafío de que en el año 2025 estemos dedicando el 20% del PIB Colombiano a Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación? ¡Toma eso, Schwarzenegger!

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