[Esta es una versión más completa, mejor estructurada y con más citas bibliográficas del artículo “Terminators”, el post anterior. Esto se hizo con el objetivo de ser publicado en la revista Innovación y Ciencia, de la ACAC (Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia)]

 

Nottingham, 1811. Los luditas –tejedores enfurecidos– marcharon a las fábricas a destrozar los recién inventados telares mecánicos. La industrialización fue un proceso de destrucción creativa en el que la irrupción de la máquina de vapor hizo irrelevantes muchos oficios y forzó a sus practicantes a buscar nuevas ocupaciones. Fueron tiempos difíciles, de mucho sufrimiento.

 

En el libro clásico “La Tercera Ola”[1], Alvin Toffler describe cómo tres grandes épocas de cambio tecnológico alteraron radicalmente la estructura de las sociedades humanas. La primera ola tuvo lugar hace 10.000 años con la Revolución Agraria; la segunda hace 200 años con la Revolución Industrial; y la tercera hace 50 años con la Revolución Informática.

 

Todo indica que esta cuarta ola que se avecina será un auténtico tsunami. La Revolución de la Automatización significará la desaparición de numerosas ocupaciones debido a la masificación de la robótica y la inteligencia artificial. Las sociedades que entiendan cómo remontar esta ola serán las ricas del futuro. Las que no enfrentarán un ciclo de pobreza de duración indefinida.

 

La obsolescencia tecnológica del wetware

 

Según un paper[2] de la Oxford Martin School, el 47% de los trabajos de hoy habrán sido automatizados para el año 2034. O lo que es lo mismo: en dos décadas uno de cada dos trabajos actuales será realizado por una máquina. La mitad de la población económicamente activa se verá forzada a aprender nuevas habilidades y buscar otras ocupaciones, o a depender de sus familias o de la beneficencia.

 

¿Cuáles trabajos están en mayor riesgo de reemplazo? Los que implican rutinas o series de acciones repetitivas, bien sean éstas de índole física o cognitiva. Algunos ejemplos de tales tipos de trabajo son los desempeñados por telemercaderistas, recepcionistas y cajeros de banco.

 

En el sector de business process outsourcing (BPO) es predecible que el rol de los call centers sea sustancialmente modificado por los sistemas automatizados que combinan reconocimiento de voz con inteligencia artificial, tales como los asistentes digitales de los sistemas operativos móviles (Siri, Cortana y OK Google).

 

El transporte de carga y de pasajeros, a su vez, será impactado por las nuevas tecnologías de conducción automatizada. Freightliner y Mercedes Benz ya demostraron sus camiones autónomos; Google, Uber y Tesla están trabajando en los carros que se manejan solos.

 

Los trabajos que están a salvo son los que requieren habilidades en las que, en el futuro previsible, los seres humanos seguirán superando a las máquinas de manera consistente. En concreto: 1) las labores creativas, incluyendo el emprendimiento y la investigación científica; 2) la interacción social, en particular la que requiere de inteligencia emocional y empatía; y 3) la destreza manual y movilidad física, sobre todo en entornos no estructurados (aquellos diferentes a, por ejemplo, las líneas de montaje de automóviles). Algunos ejemplos son las fisioterapeutas, enfermeras y trabajadores sociales.

 

La BBC desarrolló un aplicativo[3] en el que las personas pueden seleccionar el trabajo que desempeñan y consultar qué tan expuestas están al riesgo de automatización.  La lista comprende 365 ocupaciones, inicia con “vendedor por vía telefónica” con un alarmante 99% de riesgo de reemplazo y finaliza con “gerente de hotel” con un 0.4% de riesgo.

 

¿Son únicamente los trabajos poco calificados los que están en riesgo de reemplazo? Definitivamente no. En algunas firmas de abogados la tecnología de “codificación predictiva” ya está automatizando la tediosa labor de revisión documental. El supercomputador Watson, fabricado por IBM, está brindando consejo a una docena de hospitales acerca del mejor tratamiento para casos específicos de cáncer. El software Quill es capaz de componer una narrativa simple a partir de data bruta; Forbes lo está usando para los reportes de ganancias corporativas y Associated Press para algunas notas deportivas.

 

¿Significa esto que en el mundo del futuro ya no va a haber abogados, médicos ni periodistas? Eso no parece muy factible. Lo más probable es que las máquinas se encarguen de las labores tediosas y repetitivas, liberando el tiempo de estos profesionales para que puedan dedicarse a actividades de mayor valor agregado.

 

¿Ser levantados por la ola o ser revolcados por ella?

 

El skill-biased technical change[4], SBTC, o reemplazo técnico influenciado por habilidades, es la teoría económica que establece que a medida que la tecnología hace irrelevantes los trabajos poco calificados se incrementa la demanda por trabajos altamente calificados. Cuando una puerta se cierra otra se abre, ¿verdad?

 

En la práctica, la economía digital ha demostrado ser menos intensiva en mano de obra que la economía tradicional. Para la muestra un botón: cuando Facebook adquirió Instagram por un valor de 1.000 millones de dólares, ésta última solamente daba empleo a 13 personas. Una empresa manufacturera que estuviera avaluada en ese monto tendría centenares de empleados.

 

Lo anterior es una demostración contemporánea del desempleo de origen tecnológico, concepto popularizado por Lord Keynes en la década de 1930. En palabras simples, la nueva economía no va a crear nuevos trabajos a la velocidad y en la cantidad suficientes como para reponer los que serán destruidos. La balanza laboral, entonces, dará saldo negativo.

 

“Debemos empezar a pensar qué hacer cuando grandes grupos de la población no puedan trabajar sin que medie culpa alguna de su parte. Qué hacer en un futuro donde para la mayoría de los trabajos no se requieran humanos.” Esta es la conclusión del documental breve: “Humans need not apply”[5].

 

El destino no está escrito en piedra

 

En palabras del economista británico Sir Anthony Atkinson: “La trayectoria del progreso tecnológico no es inevitable; depende de las decisiones tomadas por los gobiernos, los consumidores y los negocios, a medida que determinan cuáles tecnologías son investigadas y comercializadas y de qué manera deben ser utilizadas.”[6]

 

Francisco Mojica, director del Centro de Pensamiento Estratégico y Prospectiva de la Universidad Externado de Colombia, explica que en el campo de los estudios de futuro existen dos escuelas diferentes. Según la escuela norteamericana el futuro se prevé (foresight). Un único futuro, que hagamos lo que hagamos, necesariamente va a manifestarse.

 

Según la escuela francesa, en cambio, el futuro no se predice sino que se construye (prospectiva). Esta es la escuela de Michel Godet. Primero se determina una serie de “futuribles” (futuros posibles). Después se escoge el que más conviene a nuestros intereses y se traza desde el presente todo lo que tiene que hacerse para que ese futuro específico, y no otro, sea el que se manifieste. Esta lógica conlleva una actitud proactiva, de decisión y compromiso con nuestro porvenir. Debemos trabajar para que las cosas buenas nos pasen a nosotros.

 

¿Qué puede hacer Colombia para prepararse?

 

El ideograma chino de “crisis” está compuesto por los símbolos de “peligro” y “oportunidad”. Si queremos aprovechar esta oportunidad, al decir del jugador de hockey Wayne Gretzky, debemos patinar no hacia donde el disco está, sino hacia donde el disco estará.

 

Un primer paso evidente es la creación de una red de think tanks o centros de pensamiento dedicados a evaluar tanto las tecnologías emergentes como los modelos de negocios disruptivos y la manera en que Colombia puede sacar provecho de ellos. Esto serviría como un sistema de alerta temprana que le daría al sector productivo y a los entes reguladores una ventana de oportunidad para implementar ajustes antes de ser impactados.

 

Además de lo anterior, se deben implementar las siguientes tres estrategias:

 

  1. Explotar la ventaja humana

 

También según Anthony Atkinson: “[debemos] estimular la innovación [en la educación] de manera que incremente la empleabilidad de los trabajadores”. En el contexto de la Revolución de la Automatización, a lo que esto se refiere es a  desarrollar habilidades en la población que no sean fácilmente replicables por los robots o por la inteligencia artificial, al menos en el mediano plazo previsible.

 

Debemos asegurar que la reforma educativa construya las capacidades que el mercado del futuro va a requerir. Que los niños que hoy ingresan a preescolar tengan dentro de 15 o 20 años las competencias requeridas por la economía en ese momento. De esa se podrá prevenir la descoordinación de oferta y demanda que constituye la causa del desempleo.

 

También se deben desarrollar mejores técnicas de andragogía [enseñanza en adultos] para que quienes hace mucho tiempo no ingresan a las aulas puedan reinventarse a sí mismos y reciclarse en el mercado laboral. Con una población que cada vez vive más tiempo, es imperante dotarlos de las herramientas para mejorar su empleabilidad. Las nuevas tecnologías, curiosamente, pueden ser un gran aliado para esto. Generaron el problema, pero también pueden aportar la solución.

 

  1. Un Estado que muta, se adapta y evoluciona

 

Hay una decisión que debe tomarse: si resistir o abrazar el cambio tecnológico. Cualquier país que bloquee la innovación será dejado atrás por aquellos países que sí la adopten. Se tendería a creer que quienes escriben nuestras leyes tienen esto claro. Pero la salida del país de Paypal, la complacencia con el boicot taxista de Uber y ahora la “ley Netflix” dan testimonio de lo contrario.

 

Estas tres son decisiones de “pan para hoy, hambre para mañana”; en el corto plazo puede que beneficien a unas pocas empresas; en el largo plazo, las hacen menos competitivas y empobrecen a la nación. Si se quiere que Colombia sea un protagonista y no un espectador del futuro, se debe contar con un Estado que se adapte ágilmente al cambio y que no ceda a la presión de los intereses económicos que pretenden bloquear la implementación de nuevas tecnologías o nuevos modelos de negocio.

 

Se necesita que quienes escriban las leyes estén versados en tecnología y sean visionarios que impulsen al sector productivo a adaptarse a la nueva economía. La Visión 2032, creada por la Comisión Nacional de Competitividad, debe ser cuidadosamente revisada a la luz de esta nueva información. También lo debe ser el Programa de Transformación Productiva y sus 20 Sectores de Talla Mundial.

 

Los gobiernos deben implementar las reformas antes de que sus ciudadanos se las pidan mediante protestas y disturbios. Los luditas del siglo 21 merecen que se les evite el sufrimiento innecesario. Es claro que en este momento la agenda del gobierno, y por ende sus recursos, se encuentran enfocados en la construcción de la paz. Pero una paz duradera sólo será sostenible si podemos garantizar empleo de calidad para todos.

 

  1. Combatir el fuego con fuego

 

En la matriz DOFA-País de Colombia, a la amenaza del “desempleo de origen tecnológico” se debería oponer la fortaleza del “emprendimiento de base tecnológica”. Poner el mítico ingenio de nuestros coterráneos a trabajar por el bien de todos, de tal manera que esos robots sean fabricados dentro de nuestras fronteras y esos softwares sean escritos por manos colombianas.

 

A comienzos del año 2009, 63 compañías israelíes estaban cotizando en NASDAQ, la segunda bolsa de valores más grande del mundo. ¿Cómo pudo lograr eso un país de 60 años de historia y apenas 7 millones de habitantes? Esta pregunta fue lo que motivó a Dan Senor y a Saul Singer a escribir el libro “Startup Nation”. Este es el ejemplo que deberíamos seguir: convertir a Colombia en la startup nation latinoamericana.

 

Según el Plan Nacional de Desarrollo, para el 2018 se debe alcanzar la meta de invertir el 1% del PIB en Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación [ACTI], el 50% de ese monto aportado por el sector privado. Aunque encomiable, esa cifra no es suficiente. Recientemente el Consejo Científico de la Secretaría General de las Naciones Unidas recomendó que para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible las naciones deberían invertir mínimo el 3.5% de su PIB en ACTI.[7]

 

En 1962, John F. Kennedy dio su famoso discurso “We choose to go to the Moon” en la Universidad de Rice. En él retó a los Estados Unidos a poner un hombre en la Luna antes de finalizar la década. La dimensión del desafío era intimidante y para muchos constituía un imposible. El país logró cumplir el reto, salió de ahí con su autoestima fortalecida y en el proceso desarrolló tecnologías que le permitieron a sus industrias tomarse el mundo.

 

¿Qué tal si acometiéramos el desafío de que antes de finalizar la década [en el año 2025] estemos dedicando el 20% del PIB Colombiano a Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación? Una inversión semejante, adecuadamente utilizada, le permitiría a Colombia montarse en la cuarta ola y cosechar, para el disfrute de todos, los frutos de esta nueva economía.

 

[1] Toffler, A. La Tercera Ola. 1a. ed. Bogotá: Plaza y Janés; 1980.

[2] Frey, C B, Osborne, M A. The future of employment: how susceptible are jobs to computerization? [Internet]. Oxford Martin School; 2013. Disponible en: http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf

[3] Stylianou N, Nurse T, Fletcher G, Fewster A, Bangay R, Walton J. Will a robot take your job? [Internet]. BBC News; 2015. Disponible en: http://www.bbc.com/news/technology-34066941

[4] Violante, G L. Skill-biased technical change. The New Palgrave Dictionary of Economics. Segunda Edición. Eds. Durlauf S N y Blume L E. Palgrave Macmillan, 2008. Disponible en: http://www.dictionaryofeconomics.com/article?id=pde2008_S000493

[5] Grey C G P. Humans need not apply. [Internet]. Youtube; 2014. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=7Pq-S557XQU

[6] Rotman D. Who will own the robots? [Internet]. MIT Technology Review; 2015. Disponible en: http://www.technologyreview.com/featuredstory/538401/who-will-own-the-robots/

[7] Scientific Advisory Board of the Secretary-General of the United Nations. Science, Technology and Innovation: Critical Means of Implementation for the SDGs. [Internet]. 2015. Disponible en: http://en.unesco.org/un-sab/sites/un-sab/files/Final_SAB_PB_MOI.pdf

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